¿El Veneno?
Es normal que el nombre sorprenda la primera vez que se escucha.
Todo empieza con el hombre que dio nombre a la viña: el Tío Veneno. Así lo conocía todo el pueblo. Era un tipo serio, de mal carácter. Pero si algo lo definía de verdad era su entrega absoluta a estas cepas viejas. Las cuidaba como si fueran parte de su propia familia. Cuando heredamos esta parcela, sentimos que su espíritu seguía allí, entre los troncos retorcidos y sus suelos claros. Por eso decidimos rendirle homenaje bautizando así el vino que nace de este lugar tan especial.
La parcela está en uno de nuestros puntos más altos del Alto Vinalopó, a 650 metros de altitud, con cepas de unos 60 años, cultivadas en vaso y en secano sobre un suelo franco‑arenoso con caliche, una piedra calcárea que retiene la humedad en este clima cálido y luminoso. La altitud aporta la frescura que equilibra esa intensidad mediterránea tan nuestra.
En la bodega seguimos el mismo enfoque que siempre: mucha delicadeza y mínima intervención. Prensamos suavemente para preservar fruta y flores, fermentamos con 30/% de racimos enteros y criamos el vino en barricas de roble francés Allier de 500 litros, nuevos, de 1,2 y 3 años que acompañan el vino, pero no lo dominan.
La añada 2024 ha sido especialmente generosa. Las noches frescas y la maduración lenta nos permitieron vendimiar una Monastrell impecable, y creemos sinceramente que es una de las versiones más elegantes de El Veneno que hemos elaborado. Un vino muy equilibrado, con una jugosidad que se nota desde el primer sorbo. Los aromas de pino, lavanda y balsámicos aparecen con claridad, sostenidos por una frescura natural frutal y una estructura muy bonita. La Monastrell es, precisamente, la clave de esa armonía entre profundidad mediterránea y frescura de montaña.
Las puntuaciones recientes de El Veneno 2024 son sobresalientes. Estamos muy orgullosos de cómo se ha recibido esta añada.
- 95 puntos – Guía Peñín
- 94 puntos – Robert Parker The Wine Advocate
- 18/20 puntos – Jancis Robinson
En copa El Veneno se mueve con naturalidad entre platos sabrosos y mediterráneos: carnes como cordero, cochinillo o pato; mar y montaña como atún rojo o pulpo a la brasa; arroces y guisos tradicionales; quesos curados de oveja; y verduras asadas como berenjena o setas. Todos ellos realzan su frescura, su carácter y su corazón frutal, creando un maridaje tan auténtico como el propio vino.
Vino… de máximo disfrute.
Salud
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